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El pensamiento positivo (3)

Empieza a cambiar el chip

Hemos visto hasta ahora el origen de nuestra forma de pensar, optimista o pesimista, y algunas de las causas de nuestros fracasos. Vamos a ver algunas más.

Dispersión de energía por exceso de proyectos: ¿tiendes a aburrirte, o al contrario, no tiene bastantes horas el día para hacer todo lo que quisieras? hay personas que llenan su tiempo, sus horas con una lista inacabable de actividades, compromisos, obligaciones y distracciones hasta el punto de estresarse. Hay un refrán conocido que dice: “quien mucho abarca, poco aprieta”. Un proyecto importante, necesita tiempo, energía y dedicación. Si nos ocupamos de actividades múltiples, dispersamos nuestra energía. Para alcanzar un reto, debemos renunciar a algunas cosas y concentrarnos en aquello que queremos.

Una causa del fracaso en nuestros proyectos radica en poner esperanza excesiva en el apoyo de los demás. Cuanto más esperamos de los otros, menos estamos confiando en nuestra propia capacidad. Hemos de luchar por lo que queremos. Podemos pedir ayuda a los demás, para cosas puntuales, pero nuestro proyecto es nuestro. Debemos creer en nosotros mismos.

Hay dos males endémicos en nuestra sociedad actual: la depresión y la ansiedad. En términos generales, (aunque es más complejo), el depresivo se centra en el pasado, vive de recuerdos más que de proyectos. Las personas ansiosas, centran su energía en el futuro, en qué pasará. Quieren anticiparse a los acontecimientos para tenerlo todo bajo control. Para conseguir un objetivo, hemos de tomar el pasado como un aprendizaje y poner en el punto de mira nuestro objetivo, pero es aquí y ahora donde debemos actuar para conseguir nuestro objetivo.

Empieza a cambiar el chip


El pensamiento es una semilla: los pensamientos negativos, agotan, hacen infeliz, aíslan, anulan la motivación, contrarrestan la alegría y la energía, restan posibilidades, afectan a los que me rodean, quitan la ilusión, me dan una visión negativa de las cosas...
Algunos pensamientos negativos: mi vida es un desastre, nada me sale bien, es inútil esforzarme, todo saldrá mal... incluso cuando las cosas van bien, la persona negativa las transforma e infravalora: esta racha durará poco, la felicidad no es para siempre, seguro que al final todo se tuerce...

Empieza hoy mismo a transformar los pensamientos negativos en positivos: todo saldrá bien, lo puedo conseguir, tendré suerte, he de confiar... incluso cuando las cosas se tuercen, la persona positiva pensará: hay que buscar la parte positiva de todo esto, la próxima vez saldrá bien, hay que seguir adelante, saldré de esta...
Los pensamientos positivos nos dan energía, nos ayudan a ilusionarnos, nos motivan, nos hacen felices y también contagiamos a la gente que nos rodea.

¿Qué es el pensamiento positivo? (2)

¿POR QUÉ FALLAN NUESTROS PROYECTOS?
(Dedicado a J)

Vimos la semana pasada cual es el origen de la actitud negativa o pesimista, y también algunos de los mecanismos que utilizan las personas pesimistas para formar pensamientos negativos: la generalización (todo el mundo, siempre...) y centrar las conclusiones en la persona, y no en aquello que ha hecho (“soy un desastre”, en vez de “esto no me ha salido bien”).

Otra cuestión a tener en cuenta es hacer un planteamiento realista cuando empezamos una tarea: todos los proyectos se pueden ver truncados y todos los caminos tienen sus piedras: las dificultades son inherentes a cualquier hito. Si pensamos que todo ha de salir perfecto, ¿qué pasará cuando tropecemos en la primera piedra? la persona positiva, se levantará y continuará adelante. El pesimista, pensará que el camino tiene demasiadas piedras y volverá atrás.


Un exceso de actitud crítica acostumbra a ser causa de fracaso: y la crítica se come nuestra energía. Cuando nos auto-criticamos, pensamos en si esta crítica la haríamos a una persona a la que queremos mucho: ¿somos justos con nosotros mismos? ¿o nos estamos maltratando? Toda persona tiene derecho a equivocarse, todos tenemos derecho a rectificar. Todos merecemos otra oportunidad. Y nosotros, también. A menudo, somos capaces de perdonar los fallos de los demás, pero somos implacables con nosotros mismos.

Cuando iniciemos el camino hacia una meta, es preciso que nos planteemos si aquello que nos proponemos es factible: no es lo mismo subir una montaña pequeña, que intentar llegar a la cima del Everest. A la montaña pequeña, llegaremos con más facilidad. Pero para subir al Everest, nos tendremos que plantear si realmente entra dentro de nuestras posibilidades: si es así, debemos hacer una planificación realista: cuánto entrenamiento necesitamos, cuánto tiempo, si hemos de pedir ayuda a alguien, etc.

Las prisas son enemigas de todo proyecto: a menudo queremos obtener resultados de forma inmediata, y perdemos la paciencia demasiado pronto.
Hay que tomarse el tiempo necesario para prepararnos, ir corrigiendo errores, aprendiendo lo que haga falta, y hacer una planificación realista del tiempo. Valorar los pequeños resultados, nos animará a continuar adelante.

Administrar bien nuestra energía es importante. Cuando nos centramos en conseguir alguna cosa, ponemos gran parte de nuestra energía en ello. Pero conviene tener en cuenta cuánta energía (y tiempo, y dedicación, etc.) necesitamos para nuestro proyecto y cuánto necesitamos para todas las demás cosas. En la vida cotidiana, tenemos diversas obligaciones y también ciertas necesidades. Y no las podemos dejar de lado indefinidamente para dedicarnos sólo a una cosa. En esto también hay que ser realista, quizás la consecución de nuestra meta será más lejana, si hemos de repartir el tiempo y las fuerzas en diversas cosas. Tendremos que priorizar las cosas importantes y renunciar a algunas otras si queremos centrar las fuerzas en nuestro proyecto.

¿Qué es el pensamiento positivo? (1)


(Dedicado a J)

Llevo tiempo buscando información sobre lo que llamamos “pensamiento positivo”. Todo el mundo habla de ello, todos parecen tener claro el concepto, pero no he encontrado ninguna definición concreta ni ninguna escuela de la Psicología que se autodefina como “escuela del pensamiento positivo”. Así pues, intentaré captar la esencia de lo que entendemos por pensamiento positivo.

Entiendo el pensamiento positivo como una actitud de confianza en el futuro, ya sea inmediato como a largo plazo. Esta actitud va acompañada de sentimientos positivos (alegría, esperanza, ilusión...) y pensamientos constructivos (lo conseguiré, se puede...).


El origen de nuestro pensamiento lo encontramos en la familia y en la sociedad que nos rodea. Los mensajes que hemos recibido de pequeños, la actitud vital de nuestra familia, nos han influido en nuestra actitud actual. No es lo mismo ver a unos padres luchadores, que siempre tenían un proyecto nuevo, una ilusión, que tener unos padres que se resignaban a tener una vida gris, que emanaban tristeza y conformismo. ¿Qué mensajes recibías de pequeño? “saldremos adelante”, “seguro que lo logramos”, “ya verás cómo todo saldrá bien”, o por el contrario, “hemos venido a este mundo a sufrir”, “la vida es una m...”, “no vale la pena intentarlo”...

Además de la actitud general de la familia, también nos influyen los mensajes personales que nos dieron: ¿confiaban en nosotros nuestros padres? Aquello que nuestros padres pensaban de nosotros, nos influye en la imagen que tenemos de nosotros mismos: “eres muy valiente”, “esto te ha salido muy bien”, “eres una chica muy inteligente”, “lo estás haciendo muy bien”, “eres un chico muy maduro para tu edad”, son mensajes muy diferentes a “eres un desastre”, “no se puede confiar en ti”, “no haces nada bien”, “seguro que meterás la pata”...

Un primer paso para ser positivo, es confiar en nosotros mismos. Por muy negativos que fueran los mensajes que nos transmitieron en nuestra infancia, la buena noticia es que la infancia ya se ha terminado. Debemos tomar conciencia de estas actitudes y mensajes, y analizarlos desde nuestro razonamiento adulto: “¿verdaderamente siempre lo hago todo mal?”, elimina las palabras “siempre” y “todo”,  que son generalizaciones (y por tanto, distorsiones de la realidad) y cámbialas por “a veces” y “algunas cosas”. Esto cambia el sentido de la frase (y de nuestro pensamiento): “A veces hay algunas cosas que salen mal” (y por lo tanto, otras veces salen bien).

Otro paso importante es separar a la persona del objetivo: ¿qué significa esto? Pues que yo me puedo equivocar, porque soy humana, pero eso no me convierte en “un desastre de persona”. Es muy diferente decir “soy un desastre de cocinera” que “este plato no me ha salido bien”. En el primer caso, estamos sacando una conclusión sobre nuestra persona, en el segundo, el acento lo estamos poniendo en aquello que hemos hecho, aquí y ahora, en el resultado, que no significa que siempre tengamos que obtener el mismo resultado. Que una vez (o las que sean) me salga una cosa mal, no quiere decir que no pueda aprender y que la próxima vez me salga mejor.