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Qué es la Gestalt (3)

¿Dónde nos paramos?


En los artículos anteriores veíamos cómo seguimos una serie de fases a la hora de resolver problemas, y cómo, de acuerdo con nuestro estilo de personalidad, acostumbramos a quedarnos parados en una de las fases de resolución, sea cual sea el problema a resolver.

Hemos visto las fases de sensación, identificación del problema, toma de conciencia, búsqueda de soluciones y energetización. La siguiente fase es el contacto con el problema para resolverlo. Llega la hora de la verdad. Muchas personas pospondrán este momento con infinidad de excusas. Si las fases anteriores están bien hechas, esta no tendría que ser tan difícil: si no somos capaces de enfrentarnos al problema, tal vez debamos revisar las fases anteriores. Quizás no estemos convencidos de la solución elegida, o nos falta la energía necesaria. Muchas personas tienen la idea “mágica”, de que “no haciendo nada” las cosas se solucionan solas, más tarde o más temprano. En la mayoría de los casos, esto no son más que excusas para no enfrentarse y resolver el problema. Las personas muy dependientes esperan que sea otro quien lo solucione. Las personas con una tendencia obsesiva, se quedarán dándole mil vueltas a la solución, dudando de que sea la correcta.

Cuando nos enfrentamos al problema y lo resolvemos, vienen las fases de relajamiento y relajación. Son dos fases: la primera comporta la satisfacción de haberlo conseguido. Quizás haya que hacer una celebración, si la ocasión lo merece, y tomar un tiempo para despedirse de la situación pasada y desconectar del problema. Algunas personas no son capaces de desconectar y seguirán dándole vueltas, pensando que tal vez no se ha resuelto, o puede que hubiese otra opción mejor. Otras personas no se permiten disfrutar de la vida. Estas personas no podrán relajarse y disfrutar de lo que han conseguido.

Finalmente viene la fase de relajación, en la cual, ya hemos dejado atrás el problema y la situación pasada. Es lo que se llama “vacío fértil”, un espacio donde surgirá, pasado un tiempo, una nueva inquietud, que dará lugar a un nuevo cambio. La vida es una evolución constante, hay cambios debidos a la propia maduración y cambios elegidos por muchos motivos: porque ya no nos llena nuestra forma de vida, porque no estamos a gusto, porque queremos alguna cosa mejor, porque queremos crecer y evolucionar.

¿Qué pasa cuando tenemos muchos problemas a la vez? Las personas tenemos la capacidad de enfrentarnos como mucho a 3 problemas importantes a vez: 3 problemas a la vez causan un estrés importante, que no todo el mundo es capaz de soportar. Más de 3 problemas, nos desbordan a todos. Cuando esto pasa, se recomienda afrontarlos uno a uno, y posponer los otros. Por ejemplo, nos podemos encontrar en plena fase de ruptura con la pareja, tener que buscar piso y hacer un traslado y buscar trabajo. Son tres situaciones estresantes. Si en aquel momento nos comunican que tenemos a un familiar con una enfermedad grave, nos desbordaremos. Tendremos que elegir y priorizar. Y tendremos que posponer alguna de las decisiones importantes.

Qué es la Gestalt (2)


La semana pasada veíamos cómo las personas seguimos una serie de pasos o fases para resolver los problemas, y cómo estos pasos son casi siempre los mismos, sea cual sea el problema a resolver.

También veremos cómo cada persona tiene tendencia a quedarse parada en alguna de estas fases, y acostumbra a ser siempre la misma fase, independientemente de cuál sea el problema. Esto tiene que ver con el tipo de personalidad de cada cual.

Hasta ahora hemos hablado de la fase de sensaciones (esta inquietud que nos hace pensar que hay alguna cosa que no va bien), y darse cuenta de cuál es el problema, tanto a nivel cognitivo como de sensaciones, y tanto a nivel superficial como profundo. Seguidamente viene la fase de búsqueda de soluciones.

Cuando la persona ya ha pensado y valorado las diferentes posibles soluciones, con sus pros y sus contras, vendrá la fase de la decisión. Se trata de decidir qué opción se toma, y a partir de aquí qué pasos necesita para llegar a hacer aquello que convenga. Para llegar a enfrentarnos al problema, necesitaremos energía y tendremos que buscarla. Esta es la fase de energetización.

El momento de enfrentarnos, del contacto real con el problema, es una fase más, pues es uno de los lugares donde las personas acostumbran a quedarse paradas. Se denomina fase de contacto.

Después de haber llegado a la cima, cuando nos hemos enfrentado al problema, vienen las fases de logro, relajamiento y relajación. Estas fases tienen que ver con la capacidad de disfrutar de lo que se ha conseguido, y después, poderse relajar y desconectar del problema. Es cuando podemos llegar a la fase de relajación total, cuando pasaremos página y se iniciará el siguiente ciclo, volviendo a empezar todo el proceso con otro problema.

De acuerdo con el tipo de personalidad que tengamos, acostumbraremos a quedarnos parados en una de las fases, siempre en la misma. Empezando por las primeras fases, hay personas a las que les cuesta identificar cuál es su problema. Tienen un malestar, que cada vez será mayor, pero no identifican cuál es la causa. También se puede saber cuál es el problema, pero no saber qué hacer con los sentimientos que provoca o, por el contrario, tener un sentimiento identificado (miedo, rabia...) pero no atribuirlo a ningún problema en concreto. En todas estas fases, el psicólogo ayudará, mediante diversas técnicas, a identificar el problema y los sentimientos que le rodean.

Muchas personas se detienen en la fase de búsqueda de soluciones: probablemente las más lógicas se han descartado por algún motivo evidente. La búsqueda de la solución “perfecta” (que nunca existe) o el miedo a equivocarse, o también una personalidad con tendencia a esperar a que los demás solucionen las cosas, dejará el proceso parado aquí. Pero cuando nos encontramos con un problema lo bastante importante como para tener que resolverlo sí o sí, la persona aprenderá a hacerlo, aprenderá que tiene los recursos y la capacidad para poderlo hacer.

La falta de energía para enfrentarnos es también un obstáculo frecuente. Es obvio que a las personas en un estado deprimido, les costará más obtener la energía suficiente para afrontar un problema. La rabia acumulada acostumbra a ser un buen revulsivo para movilizarnos.

En el próximo artículo continuaremos analizando las diferentes fases de resolución de un problema.

Cómo nos enfrentamos a los problemas (3)


Fase de contacto: Es el momento del encuentro con el elemento a solucionar. Hay una fusión momentánea del cuerpo, la afectividad, los aspectos cognitivos y el movimiento. Es el momento en que se concentran todos los aspectos que se han trabajado antes: la decisión, la energía, la superación de los miedos, de los obstáculos... Este momento se centra en el presente. Exige toda la concentración y las fuerzas necesarias.

Fase de satisfacción o realización: Una vez se ha obtenido aquello que se deseaba, hay una sensación de satisfacción, de bienestar y equilibrio. Es cuando llega la calma después de la tormenta. Es el momento de disfrutar de aquello que se ha conseguido. Hay personas que no se permiten disfrutar del momento. No se dan permiso para la recompensa. Todo logro merece su premio. Son personas a quienes  no se les ha permitido nunca darse un respiro, a quienes se les ha exigido unos niveles de rendimiento constantes. Es necesario que se den el permiso para celebrarlo, de manera proporcionada al logro. También hay personas que se dedican a comparar sus logros con los de los demás, de una forma competitiva, o con sus propias expectativas, calculando la distancia entre su idealización y la realidad.


 
Fase de retirada y relajación: Es necesario cerrar el ciclo. Abandonar el objeto de contacto y pasar a una etapa que se denomina “vacío fértil”. Es el tiempo para digerir y asimilar aquello que ha ocurrido. Es el momento para pasar página y dejar de preocuparse por aquello, de relajarse. Si no lo dejamos atrás, podemos caer en la obsesión, que no nos dejará avanzar hacia nuevos objetivos. Hay personas que tienen dificultades en esta fase de retirada, que no se pueden relajar después de haber conseguido su objetivo. Esto también tiene que ver con la autoexigencia.

Cuando hemos conseguido nuestro objetivo, lo hemos celebrado y nos hemos retirado al “vacío fértil”, surgirá una nueva fase de inquietud, volveremos a empezar el ciclo para un nuevo cambio. Volveremos a pasar por todas las etapas para solucionar un nuevo problema. El tiempo que pasa entre la retirada de un problema solucionado y el planteamiento de uno nuevo, dependerá de muchos factores. Cuanto mayor sea el problema que hemos solucionado, más se alargará la fase de relajación y retirada. También dependerá de la urgencia del nuevo problema. Si es un problema vital, deberemos reducir la fase de relajación para hacer frente a esta nueva situación.


En el próximo artículo hablaremos del tiempo, de cómo se estructura, las formas que hay de estructurar el tiempo, y con qué cosas lo llenamos.



Cómo nos enfrentamos a los problemas (2)

La semana pasada vimos algunas fases de la resolución de problemas. Continuamos con las fases de decisión, energetización, acción, contacto, satisfacción y retirada.

Fase de toma de decisiones. Una vez hemos identificado nuestro problema y hemos visto las diferentes soluciones que puede haber, tendremos que tomar decisiones: la primera es si queremos ponerle solución. Y la segunda, qué solución elegimos. Para tomar decisiones, es necesario tener desarrollada la capacidad de decidir. Hay personas que, debido a su carácter, acostumbran a dejar que los demás decidan las cosas por ellos, o bien dejan que “el tiempo lo solucione”. Estas personas se quedarán paradas siempre en esta fase, sea cual sea el problema a solucionar: saben cual es el problema, saben cuales son las posibles salidas, pero esperan que alguien les diga qué han de hacer.

Toda persona adulta ha de tomar decisiones. A veces es difícil. Elegir una cosa, siempre comporta renunciar a otra. Supone hacer cambios. Hay personas que necesitan tenerlo todo muy controlado, muy estructurado y programado. Cualquier cambio se les hace una montaña. Renunciar a alguna cosa, comporta frustración: hay personas que tienen un nivel muy bajo de tolerancia a la frustración, lo quieren tener todo. Pero los cambios son necesarios si queremos evolucionar. Si no decidimos, nos estancamos.


 
Fase de energetización. Para enfrentarnos a un problema, necesitamos energía, necesitamos fuerzas. Aquí entran en juego las emociones. Hay un movimiento interno de emociones que nos presionan hacia aquello que queremos conseguir. Estas emociones se transforman en acciones. Pero tan mala es una falta de emociones (y por tanto, de energía) como un exceso. La energía que se necesita para enfrentarse a un problema, ha de ser continuada. Una persona muy poco emotiva tendrá dificultades para ponerse en marcha. Las personas muy emotivas, en cambio, tienen mucha energía al principio, pero la “queman” muy rápidamente. No solamente se trata de emoción, sino también de compromiso afectivo con la decisión.


Fase de acción: Es el momento en que se ponen en práctica las decisiones que se han tomado. La acción está encaminada a conseguir un objetivo. Esta acción necesita unos movimientos específicos, concretos. Se necesita voluntad, audacia y el nivel de energía suficiente. En muchos casos, se necesita el apoyo, ni que sea moral, de otra persona, y la convicción de que se quiere conseguir un objetivo concreto.

La semana que viene veremos las tres fases restantes.



Cómo nos enfrentamos a los problemas (1)

¿Seguimos siempre las mismas pautas, el mismo orden en la solución de los problemas? ¿Nos quedamos parados siempre en la misma fase a la hora de enfrentarnos con las dificultades?
Según la Psicología de la Gestalt, hay una serie de pasos que seguimos cuando nos enfrentamos a los problemas. Estos pasos acostumbran a ser los mismos para todas las personas y para cualquier situación, desde un problema grave que nos paraliza hasta cuestiones simples de la vida cotidiana. Lo que varía, es en qué fase de la resolución nos quedamos parados. Según el tipo de personalidad que tengamos, tenderemos a pararnos por falta de energía, por dificultades a la hora de ver diferentes salidas al problema, por dificultad de “desconectar” del problema, etc.

Dentro de la Psicología de la Gestalt, diferentes autores han añadido y sacado fases a la resolución de conflictos, pero básicamente son muy parecidas. Tomaremos como modelo uno que tiene 9 fases: las llamamos: sensación, percepción, conciencia, búsqueda de soluciones, energetización, acción, contacto, satisfacción y retirada.
Fase de sensaciones. Esta fase se caracteriza por una inquietud generalizada y difusa, un “malestar” al que no sabemos ponerle nombre, un “no sé qué me pasa, pero no estoy bien”. Si este estado no avanza hacia otra fase, este “ruido” interior se va haciendo cada vez mayor, y a menudo es motivo de consulta psicológica.
Fase de percepción. Este es el momento en que nos damos cuenta de cual es el motivo de nuestro malestar. Identificamos la causa de nuestro malestar. Se da a dos niveles, el emocional y el cognitivo (de razonamiento). Por ejemplo, “se murió mi perro hace un mes y por eso me siento triste”. Identificamos, tanto la causa como el sentimiento que nos provoca. Hay personas que saben cual es el problema pero no saben definir el sentimiento (más racionales), y otras, que pueden explicar el sentimiento pero les cuesta más identificar la causa (más emocionales).
Fase de toma de conciencia. La diferencia entre la fase de percepción y ésta, es que en ésta tomamos conciencia de hasta qué punto nos afecta el problema, y hay un punto de no retorno, a partir del cual no podemos seguir haciendo como si no pasara nada. Por ejemplo: soy fumador. Sabemos que el tabaco es malo (fase de percepción) pero hasta que no tome consciencia plena de hasta qué punto me perjudica el tabaco, no pondré manos a la obra para dejarlo.
Búsqueda de soluciones. Todos los problemas tienen alguna solución. Pero, a menudo, la solución más evidente no nos sirve. Entonces, tendremos que buscar otras soluciones. Si abrimos nuestra mente, seguro que encontramos más posibilidades de las que nos habíamos planteado. Hay personas que, por su personalidad, acostumbran a pensar que hay sólo dos salidas y que una es “la buena” y la otra es “la mala”. Y se quedan siempre con la duda de “si habrán acertado la buena”. Esto es una pequeña trampa de nuestra mente: siempre puede haber más soluciones, y la realidad es que todas las salidas tienen ventajas e inconvenientes. Tendremos que elegir, y elegir quiere decir renunciar a cosas.
La semana que viene veremos las cinco fases restantes.